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Historia de las zapatillas de punta

Se suele atribuir a Marie Taglioni el mérito, y la culpa, de ser la primera bailarina que se elevó hasta la punta de los pies y bailó «en punta». Apropiadamente, bailaba el papel de una sílfide en «La Sylphide» y los zapatos le permitían dar la ilusión de flotar como si fuera ingrávida (Barringer & Schlesinger, 2004). Sin embargo, para ver el origen de las zapatillas de punta modernas, debemos retroceder aún más, hasta los inicios del ballet.

El ballet clásico, tal y como lo conocemos hoy, se originó en Francia a partir de las danzas de la corte importadas de Italia en el siglo XVII. Los historiadores del ballet recuerdan al rey Luis XIV como un ávido bailarín y abrió la Academie Royale de Danse para formar bailarines. Los pasos de baile, en particular las cinco posiciones, comenzaron a codificarse en esta época. Si recorremos rápidamente 200 años de historia, vemos que entre la apertura de la Academie Royale de Danse y la representación de La Sylphide por parte de Taglioni, el ballet pasó de ser una forma de danza masculina a contar con muchas bailarinas notables. La estética también cambió, pasando de un estilo más castigado a la cualidad aérea y etérea de la época romántica, y es esta estética, en su apogeo, la que dio lugar a la idea de las zapatillas de punta (Barringer & Schlesinger, 2004, http://www.the-perfect-pointe.com/PointeHistory.html).

En su artículo «Technique and Autonomy in the Development of Art: A Case Study in Ballet», Sandra N. Hammond y Phillip E. Hammond (1989) nos guían por un modelo para entender el desarrollo de la técnica de la danza. Suponen cuatro factores de influencia:

1. Cualquier innovación técnica es en parte el resultado de técnicas anteriores.

2. Cualquier innovación técnica es en parte también el resultado de la insatisfacción con las prácticas predominantes.

3. La insatisfacción con las prácticas predominantes, sin embargo, es en parte el resultado de la innovación técnica.

4. La insatisfacción también es resultado de una serie de factores no técnicos.

A partir de ellos, trazan una red a través de cinco grandes etapas de desarrollo del ballet, explicando cada una en términos de una interacción de las cuatro influencias. En cada una de estas etapas se produjo un desarrollo técnico importante, que permitió y fomentó los cambios posteriores. Por ejemplo, la etapa 3 marca la primera vez que se consideró importante el giro máximo, la rotación externa de las piernas. Esto tuvo el efecto de realizar movimientos que antes eran físicamente imposibles (factor 1). La amplitud de movimiento de las caderas se vio especialmente afectada por el aumento del giro, al igual que la fuerza de ciertos músculos de las piernas que requerían un entrenamiento más amplio. Esto, a su vez, permitió crear pasos más difíciles, especialmente giros y saltos que habrían sido imposibles sin el desvío (factores 2 y 3). Sin embargo, Hammond señala que las capacidades físicas no fueron lo único que influyó en esta evolución. Sugiere que los cambios en los ideales culturales modificaron los tipos de ballet que se creaban (factor 4). El cambio del clasicismo al romanticismo en las artes cambió los estilos de coreografía.

Podemos utilizar el modelo de Hammonds no sólo para comprender el desarrollo del movimiento, sino también para rastrear un factor no técnico, el código de vestimenta, que va a remolque de los cambios en el movimiento. Estos cambios conducen finalmente a la invención de las zapatillas de punta. A medida que cambiaba la técnica, las mujeres acortaban sus vestidos para no entorpecer su movimiento y para mostrar sus piernas, que realizaban pasos cada vez más intrincados y complicados. Las mujeres también dejaron de usar zapatos de tacón alto, pero siguieron levantándose sobre las puntas de los pies, a demi-pointe, o media punta. A medida que la coreografía exigía la calidad flotante asociada a los ballets románticos, el siguiente paso lógico era elevarse a la punta completa, momento en el que el desarrollo técnico convergió con el desarrollo tecnológico.

Las primeras zapatillas de punta no tenían la estructura y la resistencia de las zapatillas modernas, sino que eran simplemente zapatillas de ballet muy reforzadas con zurcidos y costuras alrededor de los dedos. Esto significaba que las bailarinas dependían principalmente de su propia fuerza y no podían mantener el equilibrio en punta durante largos periodos de tiempo. Los siguientes avances, durante el siglo XIX, fueron una caja más resistente alrededor de los dedos del pie, así como una suela más fuerte. La plataforma del zapato, sobre la que se apoya la bailarina, se hizo más ancha, lo que facilitó el equilibrio al distribuir el peso en una superficie mayor. El siglo XX estuvo marcado por la modificación de la forma de las zapatillas para hacerlas más ergonómicas y, como siempre, facilitar los nuevos desarrollos de la técnica. Las zapatillas de punta siguen evolucionando constantemente, a medida que se introducen nuevos materiales, en particular los sintéticos (Barringer & Schlesinger, 2004; http://www.the-perfect-pointe.com/PointeHistory.html).

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