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Ahora son ellos: Jane Cooke Wright

Cuando pensamos en las científicas negras del siglo pasado, pocos ejemplos nos vienen a la mente. Y es que, como sabemos, el racismo y el machismo son señas de identidad de nuestra sociedad, incluida la exclusión de las instituciones científicas. Pero el camino también está marcado por trayectorias que han logrado, ocasionalmente, atravesar los bloqueos. Este es el caso de Jane Cooke Wright, también conocida como Jane Jones. Un científico ejemplar que debe ser recordado y difundido. Jane fue una oncóloga estadounidense que cambió el curso del tratamiento del cáncer con quimioterapia. Descendiente de una familia de médicos, Jane siempre estuvo muy interesada en estudiar el cáncer, incluso antes de entrar en la universidad, ya que se trata de una enfermedad compleja, llena de especificidades. A grandes rasgos, el cáncer es un tumor resultante de la proliferación desordenada y anormal de células que han perdido la capacidad de controlar su duplicación. Durante la duplicación, se copia el genoma de la célula. Pero en este proceso incontrolado pueden producirse errores que den lugar a mutaciones si no se corrigen. Por esta razón, cuando una célula cancerosa se duplica, existe la probabilidad de que surjan nuevas mutaciones. Así, los tratamientos que matan un tipo de célula cancerosa pueden no ser eficaces para otro.

A principios del siglo pasado, el cáncer se trataba normalmente con una combinación de cirugía y radioterapia (la aplicación de ondas de radiación ionizante, rayos X por ejemplo, directamente en el tumor). Aunque esta estrategia fue a menudo eficaz, en otros casos no curó la enfermedad, demostrando que eran necesarias terapias alternativas. Además, en algunos casos se observó el efecto rebote, es decir, la aparición de nuevos tumores aún más agresivos. Estos tratamientos fueron las mejores opciones durante mucho tiempo, hasta que Jane propuso la quimioterapia, un enfoque terapéutico basado en el uso de agentes químicos para eliminar las células cancerosas. Jane comenzó su trabajo pionero en 1949 en el laboratorio de su padre en la Fundación de Investigación del Cáncer del Hospital de Harlem, analizando una amplia gama de compuestos quimioterapéuticos. En su estudio, Jane exploró la relación entre la respuesta del paciente y el cultivo de tejidos, creando así nuevas técnicas para la administración de quimioterapia contra el cáncer. Junto con su padre, demostró que las células tumorales podían extraerse y estudiarse en el laboratorio para entender su comportamiento e investigar qué terapias
serían las más adecuadas para combatirlas. De este modo, Jane fue una de las principales investigadoras en probar y predecir la eficacia de los fármacos con acción quimioterapéutica sobre las células cancerosas. Las técnicas que desarrollaron se siguen utilizando hoy en día y son la base para el desarrollo de nuevas terapias. Algunas de estas terapias se siguen utilizando
hoy en día, por ejemplo, el metotrexato, un fármaco de quimioterapia que se aplica en el tratamiento de tumores como el cáncer de mama y la leucemia infantil. Jane comprendió que, dado que el cáncer es siempre cambiante, es necesario un enfoque múltiple para tener éxito en la lucha contra la enfermedad. Así, a lo largo de su carrera, la doctora Jane ha sido una firme defensora del uso combinado de terapias, es decir, de más de un tratamiento para combatir el mismo tumor, pero de forma muy establecida y no aleatoria. Sin duda, el cáncer es una de las enfermedades que más nos asusta. Sin embargo, conocer los avances promovidos por los científicos nos da la esperanza de que la cura de esta y otras enfermedades se logre con el desarrollo de nuevas terapias. La investigación de Jane también nos hace pensar en lo mucho que perdemos cuando creamos exclusiones en la investigación: somos una sociedad mejor cuando somos una sociedad de todos y para todos.

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